Ve y coge una estrella fugaz;
fecunda a la raíz de mandrágora;
dime dónde está el pasado,
o quién hendió la pezuña del diablo;
enséñame a oír cómo canta la sirena,
a apartar el aguijón de la envidia,
y descubre
cual es el viento
que impulsa a una mente honesta.
Si para extrañas visiones naciste,
vete a mirar lo invisible;
diez mil días cabalga, con sus noches,
hasta que los años nieven cabellos blancos sobre ti.
A tu regreso tú me contarás
los extraños prodigios que te acontecieron.
Y jurarás
que en ningún lugar
vive mujer hermosa y verdadera.
Si la encuentras, dímelo,
¡dulce peregrinación sería!
Pero no, porque no iría,
aunque fuera justo al lado;
aunque fiel, al encontrarla,
y hasta al escribir la carta,
sin embargo,
antes que fuera,
infiel con dos, o tres, fuera.
John Donne
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Que no suba el caracol
ni al almendro, ni a la flor...
ni al rosal, ni a la maceta.
Que enseñe los cuernos,
que salga de casa,
que se estire al sol...
¡Qué caminitos de plata
va dejando el caracol
cuando sale de su casa!
servido por aron
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Tiéntame, acaríciame
lléname cada instante de ti,
haz que cada noche sea un sueño
y cada despertar una sonrisa,
lléname de ti
y llévame a tu amor.
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servido por aron
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Paz, sólo paz, no más quiro que paz. Un rincón tranquilo donde el sol dore mi tarde como tarde de domingo.
Un armor bastante y libre oculto por el olvido en prado de soledad florecido de amarillo.
Sí. lo eterno: el agua, el sol, el azul, la brisa, el ritmo, de las ideas divinas, la vision del infinito.
Serán bastante el encanto de la mujer, la rosa, el libro. Después, como la agua lenta, serpenteará el idilio.
Y las horas inmortales, en los prados florecidos tejerán guirnaldas libres para nuestro idealismo.
¡Alas, venid! ¡Quiero irme a mi sueño! ¡Amor, idilio, ve llagando, ve llegando. Recójete en mis sentidos!
Juan Ramón Jiménez
(1908, Moguer)
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Cerar podra mis ojos las postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podra desatar esta alma mia
hora a su afan ansioso mis sonjeras;
servido por aron
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